El modelo ‘reducir-reutilizar-reciclar’: el auge de la economía circular

Los clientes impulsan la transición a un nuevo sistema productivo y de consumo. Esta tendencia es mucho más que una moda.

Tradicionalmente las economías se han basado en el modelo de fabricar-utilizar-desechar. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) prevé que el uso de materias primas a nivel mundial se duplique en los próximos 40 años. Según las estimaciones del Banco Mundial, esto supondrá un aumento de los residuos anuales generados del 70% para el año 2050, lo que demuestra que este enfoque lineal basado en grandes cantidades de recursos y energía fácilmente accesibles es insostenible para la realidad actual que vivimos.

La economía circular pretende transformar todo este sistema en su totalidad: desde la manera en la que se gestionan los recursos, pasando por el modo en que se fabrican y se utilizan los productos, hasta lo que se hace con los materiales una vez empleados. Este modelo se basa en el principio de excluir los residuos y la contaminación del sistema, manteniendo activamente los productos y materiales en uso. De este modo, los residuos de un usuario se convierten en materia prima para otro, creando un modelo circular en el que los artículos se diseñan y desarrollan pensando en el siguiente uso que tendrán.

Las tendencias mundiales, tales como la escasez de recursos, avances técnicos y una nueva mentalidad del consumidor que busca la sostenibilidad, están aumentando la presión sobre los gobiernos, que responden con subvenciones y legislaciones, y sobre las empresas, que adoptan modelos de negocio circulares. En los últimos años, hemos visto cómo las empresas tradicionales en todos los sectores se ven amenazadas por los modelos de negocio basados en el alquiler y uso compartido, que están generando cada vez más adeptos.

Los clientes están adoptando la filosofía de aceptar productos sostenibles por el mismo precio e igual calidad de prestaciones. Según el informe Research Insights 2020, de la Federación Nacional de Minoristas, ocho de cada diez consumidores afirman que la sostenibilidad es importante para ellos; y el 70% de los que dicen que es muy importante estarían dispuestos a pagar una prima del 35% por marcas ambientalmente responsables.

Al mismo tiempo, las empresas se están dando cuenta del potencial de ahorro no aprovechado de productos con ciclos de vida amplios, lo que aumenta la confianza del consumidor en este proceso. Contar con liderazgos éticos para impulsar una imagen corporativa positiva, orientar la reducción de costes mediante el uso óptimo de las materias primas y reducir el consumo para aumentar el ahorro de energía son otras formas en que las empresas se están adaptando al movimiento verde.

En este contexto, la industria 4.0 es la clave para que los modelos empresariales se reorienten hacia economías circulares generando beneficios con menor impacto ambiental. Las herramientas para mejorar los procesos empresariales y la sostenibilidad que podrían acelerar la transición hacia la economía circular son también las que apoyan la aparición de la industria 4.0, por lo que más que estar correlacionadas, son codependientes.

Tecnología

La tecnología es la responsable de este cambio. Los nuevos procesos cada vez más eficaces, la mejora de los canales de comunicación y la eficacia operativa que permite dar múltiples usos al mismo recurso en todas las industrias se están convirtiendo en los pilares sólidos sobre los que se asientan las economías circulares. Por ello, las empresas que adopten estos modelos en los próximos 15 años ganarán la batalla: aumento del valor por unidad de recursos.

En Axon Partners Group, como signatario de los Principios de Inversión Responsable (PRI) de Naciones Unidas, también participamos en esta transformación a través de nuestras inversiones en modelos de economía circular. Un ejemplo de esto lo encontramos en una de las empresas de nuestro portfolio, en Renueva tu Vestidor (RTV).

RTV es la compañía latinoamericana líder en el mercado de moda de segunda mano, que permite a sus usuarios sacar provecho de la ropa que ya no usan, que en otro momento habría sido desechada. El Informe de reventa de ThredUp 2020 afirma que, en el 2019, el mercado de reventa creció 25 veces más rápido que el amplio sector minorista y se espera que en el 2028 supere al mercado de moda rápida en un 50%.

A través de su modelo de economía circular impulsado por la tecnología, RTV ha evitado el uso de más de 3.000 millones de litros de agua y ha evitado alrededor de 40 millones de toneladas de emisiones de CO2 en una de las industrias más contaminantes: la moda. Según un estudio de McKinsey, la moda es responsable del 10-20% del uso total de pesticidas, del 20% de la contaminación del agua y de hasta el 35% de los microplásticos que fluyen al océano. Además, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, esta industria representa el 8% de las emisiones mundiales de CO2.

La tecnología está impulsando la circularización de la economía: desde el Internet de las Cosas (IoT) y el análisis de datos que traen una nueva era de soluciones de mantenimiento y recogida inteligente de residuos, pasando por la robótica y la inteligencia artificial, que desarrollan habilidades especializadas para la gestión de residuos electrónicos, hasta la fabricación aditiva y la impresión 3D para evitar los efectos medioambientales como subproductos a la logística o la tecnología de materiales para mejorar el embalaje de los bienes de consumo.

Las estimaciones del MDPI (Multidisciplinary Digital Publishing Institute) afirman que, a través de las inversiones en la industria 4.0, las emisiones pueden disminuir un 30% y, como efecto secundario positivo, las empresas podrían aumentar su demanda en un 20%. Paralelamente, la Fundación Ellen MacArthur estima que la economía circular supondrá un aumento del 7% del PIB europeo en el año 2030.

En resumen, la economía circular es mucho más que una moda. Tanto las economías avanzadas como las emergentes están impulsando esta transición, siendo las segundas más intensivas en materiales que las primeras y, por tanto, con enormes y evidentes usos. Hoy en día, la mentalidad está evolucionando hacia la idea en la que, si algo no puede ser reciclado, al menos debería poder convertirse en abono y ser devuelto al ecosistema que lo produjo. Así, se garantiza que el valor nunca se pierda, siendo el final de su ciclo de vida el comienzo de uno nuevo.

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