La evolución acelerada del Internet de las cosas: un pilar fundamental del nuevo mundo

En una era en la que la información se está convirtiendo en un activo diferencial y en la que los dispositivos que generan dicha información están cada vez más conectados, accesibles y la información se está actualizando regularmente, el Internet de las cosas (IoT, por las siglas en inglés) se ha vuelto parte del vocabulario esencial.

Algunos se presentan reticentes sobre este inminente cambio de paradigma, ya que al fin y al cabo es un tema complejo que puede redefinir el mundo dentro de pocos años. Esto hace que conocer este tema sea importante y al comprenderlo, resulte más fácil entusiasmarse con el cambio, en vez de caer en el miedo a enfrentarse a lo desconocido. El IoT, mediante la sensorización y digitalización, busca la eficiencia en los sectores en los que se aplique, ya sea en sectores económicos, agrícolas, pasando por la gestión del tráfico, de las ciudades o de la calidad del aire.

El IoT se puede simplificar como un grupo de sensores que recopila información y la envía a servidores para su procesado, de manera que se pueda transformar en conocimiento para tomar acciones concretas.

Por ejemplo, ésta es la información que los agricultores obtendrían de sus plantas, del tiempo óptimo para su riego y la cantidad de pesticida necesaria para cada hectárea. El hecho de que diversos factores se puedan medir hace que la plantación pueda ser gestionada de la manera más eficiente posible.

También permite conocer qué partes de una casa consumen más energía para actuar al respecto. Tal vez el aire acondicionado no debería estar encendido tanto tiempo o el televisor no consume tanta energía como se pensaba anteriormente etc.; esto es IoT.

Crecimiento

Se espera que este mercado crezca a una velocidad exponencial en los próximos años, al haberse unido ciertos factores que lo hacen posible: reducción de los costes de materiales y de implementación de proyectos, la conexión mejorada gracias al uso de redes celulares de alta velocidad y el uso de nuevos modelos de negocio de los fabricantes de dispositivos que financian sensores. Este alineamiento planetario puede ser el catalizador de la revolución industrial del este.

Los microcontroladores son la base esencial de la cadena de valor del IoT, la pieza central del conjunto de sensores que reciben la información de su entorno para luego transmitirla.

Esto los hace económicamente simples, ya que cada dispositivo sólo puede realizar las funciones más básicas y esenciales para compensar por su tamaño las cantidades que se producen. No es ciencia cuántica: recibe datos y transmite datos.

Los microcontroladores con Machine Learning (ML) pueden traer las redes neuronales al IoT e incrementar por cinco la memoria que estos microcontroladores tienen habitualmente. El equivalente de esto sería convertir una máquina que procesa problemas de forma lineal a un cerebro humano artificial en una superficie de unos pocos centímetros de largo. Incluso más parecido al cerebro humano, es el conjunto de dispositivos que se vuelve más complejo al colocarlos juntos, lo que les hace actuar como un sistema orgánico e interconectado.

Al mismo tiempo, los sensores sin baterías están a la vuelta de la esquina y, aunque puedan ser más caros al principio, tener sensores autónomos alimentados por pequeñas placas solares o incluso campos electromagnéticos ahorraría mucho más a largo plazo. Según el análisis de EverActive, estos sistemas ahorrarían el cambiar las baterías de 22 millones de dispositivos cada día en 2025. Lo que supondría cinco millones de horas diarias de trabajo que se podrían ahorrar con los sensores autosuficientes.

Para dar más perspectiva, esto podría suponer más de 713.000 personas por día para hacer esta tarea sin sentido. Ni siquiera tendría que ser automatizada, lo único que haría falta sería instalar el dispositivo. Con algunas excepciones de dispositivos que haya que reparar, el resultado sería más de medio millón de personas que no serían necesarias para mantener una empresa, una fábrica, una plantación o una flota. Esto pasa de ser una inversión atractiva a una necesidad.

Adicionalmente, la inteligencia artificial (IA) y el ML de bajo coste podrá aumentar dramáticamente la seguridad del IoT a través de encriptación punto-a-punto para evitar brechas de información. Como hemos comentado, el ML se está implementando en los microcontroladores, lo que además de mejorar sus capacidades también sirve para protegerlos.

Comparadas con antiguas soluciones, esta mejora, en conjunto con los avances mediante la inteligencia artificial, podría ser el incentivo necesario para que las empresas se unan a este movimiento. Si la falta de seguridad era el talón de Aquiles del IoT, la IA y el ML será la bota de armadura que lo convertirá en un punto de venta para compañías en un futuro cercano.

Usos

Tomando en cuenta todos estos avances, se pueden expandir los casos de uso en el corto plazo. Según Juniper Research, la utilización de soluciones para el seguimiento de activos aumentará un 27% hasta el 2025. El crecimiento no era posible hasta ahora por la carencia de nuevas arquitecturas de red, uno de los factores más notables que antes limitaba el progreso del IoT.

Los satélites de órbita baja pueden hacer posible no perder el seguimiento de los activos, incluso cuando están en tránsito en medio del mar. Según una investigación hecha por Deloitte, el 79% de los encuestados que utilizan este tipo de soluciones reportan que el crecimiento de sus ingresos se encuentra bastante por encima de la media. En términos más sencillos, quiere decir que estas nuevas redes permiten que las empresas prosperen al permitirles vigilar todos y cada uno de los activos e inventarios en cada etapa de su cadena de valor.

Teniendo en cuenta los enfoques comerciales y los de la Industria 4.0 del IoT, podemos analizar el interés de los gobiernos en establecer ciudades inteligentes. Esta tecnología interconectada puede resolver múltiples problemas urbanos. Según McKinsey Global Institute, esto repercutiría en los presupuestos, pudiéndose ahorrar del 70· al 75% de los costes energéticos.

Esto también aplica a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Desde la reducción de asaltos y robos de un 30% a un 40%, pasando por la disminución del tiempo de reacción ante emergencias de un 20% a un 25%, hasta el ahorro del tiempo en transportes de un 15% a un 20%. Es decir, las ciudades se vuelven más baratas, más seguras, y de mejor calidad. De ahí el nombre de ciudades inteligentes.

Punto de no retorno

Si todo este progreso está sucediendo o está a punto de ocurrir, seguiremos viendo un gran crecimiento gracias a la optimización de los dispositivos, a las redes con arquitecturas más versátiles y a las plataformas de software diseñadas para favorecer la integración. Esto nos lleva a la conclusión de que hemos cruzado un punto sin retorno con el Internet de las cosas, marcando un antes y un después.

El hardware continuará abaratándose y mejorando sus capacidades. Los avances de las redes acumulan inercia con la implementación del 5G, la proliferación de las LPWAN y la emergencia de una nueva generación de conectividad satélite. El software de análisis de datos mejorará gracias a algoritmos de IA y ML, aumentando la calidad y la relevancia de la información extraída, así como el valor generado por el ecosistema del IoT.

Si la Industria 1.0 nos brindó el vapor, la Industria 2.0 fue la que nos dio las cadenas de montaje y la electricidad y la Industria 3.0 la que instauró la automatización y la electrónica, la Industria 4.0 será el próximo eclipse que marcará la nueva etapa del mundo. Los cambios aterran; más aún si se realizan de forma ineficiente y arriesgada. El IoT no es ineficiente ni arriesgado, especialmente cuando se adopta abiertamente tanto por las personas como por las empresas y las ciudades. Nadar contra corriente es agotador y la mayoría de los que lo intentan se terminan ahogando. ¿No sería por tanto mejor ir a favor de ella?

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